Algunas consideraciones reflexivas




"Seguramente que entre la música y el color no hay nada más en común que el hecho de que ambos siguen el mismo camino. Siete notas con ligeras modificaciones son suficientes para crear sabe Dios qué universo. ¿Debería ser diferente en las artes plásticas?".
Henri Matisse



1 de octubre de 2010

“Alberto a través del Espejo”.


“Sintió que el alma abandonaba el cuerpo,
se elevaba a la cúpula y se convertía en parte de ella,
parte del espacio, del tiempo, del cielo y de Dios”.

“Pronto llegamos a la habitación del espejo, ya preparados para el juego de deformaciones que nos esperaba”.

Un día cualquiera, en un momento indeterminado, Santiago Nasar (claro pseudónimo) y yo conversábamos acerca de los recuerdos.
De esas discusiones, se originaron las primeras ideas de este artículo, cuyo propósito, más que el de contar una historia es exponer un pequeño ensayo sobre tres temas que están correlacionados: Fantasma, Espejo, Eternidad. El eje que utilizo es el autorretrato, pero todo se sabrá a su debido tiempo.
Santiago, por haber sido la causa de este efecto, mi agradecimiento.
La Historia es un Espejo de los hechos que a través del tiempo la memoria no ha podido borrar. A diferencia de otras imágenes, de otros espejos, la imagen de la historia es rígida y dura; perdura como una escultura. No comparte esa condición esencial de las imágenes de los espejos: ser efímera.
Todo tipo de relatos, fantásticos, terroríficos, de misterio; introducen la figura del fantasma como ser que tiene alguna causa pendiente en el mundo de los vivos, y que permanece allí, perenne, atormentando a todo el que obstaculice sus propósitos (pienso en Cuento de Navidad de Charles Dickens, o acaso El Fantasma de Canterville de Oscar Wilde, o el clásico de William Shakespeare, Hamlet). Seguramente los lectores encontrarán muchos otros.
“¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres” .
El Psicoanálisis se constituyó en una especie de vía occidental que enseña (al modo del Budismo Zen) que lo «Oculto» se devela dejando fluir y siguiendo el discurso.
A partir de estos referentes advertimos cómo todo el sistema de creencias, preconceptos e ideas preestablecidas es homologable con el centro del trabajo psicoanalítico: la disolución del Otro y su correlativa disolución del Ego , disolución del Fantasma . Tanto para Freud como para Lacan el Fantasma es la respuesta que el sujeto encuentra frente al deseo del Otro. En el Espejo el Yo se identifica con el Otro, produciéndose el deseo de sí mismo. En esta disolución «fantasmal» viene a nosotros la figura de Narciso. El deseo del Yo, no por el Otro, sino por el Yo mismo.
El carácter del Espejo, la variabilidad temporal y existencial de su función, explican su sentido esencial y a la vez la diversidad de conexiones significativas del objeto.
Numerosas referencias hallamos respecto al carácter del Espejo. Lewis Carroll veía en el Espejo la simbólica representación del Yo como mundo confuso y extraño; a través del reflejo, ingresamos en ese Universo Paralelo, en otra dimensión. Pero no sólo estamos constituyendo parte de un Universo Paralelo; sino que nos damos cita con el lado oscuro de nuestra personalidad.
Jorge Luis Borges consideraba al Espejo como reflejo del Yo que va más allá de mostrar una reproducción ilusoria de la figura humana. En el Espejo se encuentra toda la esencia del Yo , una transubstanciación del Yo en el Espejo. ¿Cómo resolver la duplicidad producida? Advirtiendo que ambos mundos, el real y el paralelo son reflejo uno del otro. Tal como enseñaba Platón en la Alegoría de la Caverna, el hombre conoce a través de sombras proyectadas en el Espejo.
El Espejo por excelencia del Mundo Griego ha sido la Tragedia. La Tragedia Griega siempre cuestionará muy seriamente la existencia y la supervivencia del hombre en el universo; su ambigüedad y su reconciliación con la vida, la muerte, la cultura y la comunidad.
¿Acaso la Tragedia no era Espejo de la Democracia ateniense? Y ya que realizamos este pequeño viraje hacia Grecia, cabe mencionar, dos cosas: que desde la antigüedad, el Espejo es visto con un sentido ambivalente; y que en la cosmovisión griega, existió un hombre llamado Orfeo . La historia es conocida por todos nosotros, no merece que la mencione. Sin embargo, considero importante señalar que Orfeo adquiere un cierto carácter fantasmagórico luego de su descenso al Hades. Los sistemas órficos se hallan en el comienzo mismo del espíritu filosófico; se suman al carácter orgiástico de la religión dionisíaca , y mano a mano con el auge del culto a Dioniso, fueron reavivándose los cultos locales; y en este marco de religiones de misterio sobreviene el enlace con la obra de arte.
Tanto en el Ditirambo, como en Eleusis, o en las Teogonías Órficas; el individuo deja su Yo personal para disolverse en el Yo cultual. De la misma manera, la obra de arte condensa sintéticamente lo universal en lo particular.
Cuando Ovidio nos relata la historia de Narciso, u Oscar Wilde nos presenta a Dorian Gray, nos encontramos frente al ser humano extasiado ante su propia imagen, llegando incluso a reverenciarla. ¿La historia del arte no es acaso la quintaesencia de la glorificación del hombre en sí mismo? Su cultura, sus valores, sus principios y creencias.
“Al entrar, encontraron, colgado en la pared, un espléndido retrato de su amo, tal como lo habían visto últimamente, en toda la maravilla de su exquisita juventud y su belleza. Tendido sobre el suelo había un hombre muerto, en traje de etiqueta, con un cuchillo en las manos. Estaba ajado, lleno de arrugas y su cara era repugnante. Hasta que no examinaron sus anillos no reconocieron quien era.”
Existe un deseo y un goce producido por el reflejo, en el que el hombre que se mira a sí mismo y adquiere un carácter de Fantasma, tal como lo describieron Freud o Lacan.
Narciso o Dorian Gray se funden, aparecen y desaparecen frente a su reflejo. En este sentido, Espejo y Retrato adquieren la misma cualidad: la vivificación y perpetuación del sentido individual.
Se ha relacionado el Espejo con el pensamiento, en cuanto éste – según Max Scheler – es el órgano de autocontemplación y reflejo del universo. Este sentido conecta el simbolismo del Espejo con el del agua reflejante y el mito de Narciso, apareciendo el cosmos como un inmenso Narciso que se ve a sí mismo reflejado en la humana conciencia. Ya los gnósticos creían que el Universo era una copia invertida del orden celeste.
La psicología del arte debe ser la disciplina que intente estudiar el alma del arte, el Ser. A través del pathos el hombre deberá sentirse afectado, lo que motiva una conducta activa en el mundo descubierto por la percepción. El hombre se proyecta en el horizonte de la comprensión, como lo hizo primeramente a través de las tendencias pulsionales.
Aunque la apariencia sensible de la obra de arte siempre representa una realidad concreta y singular; la cualidad objetiva de la vivencia estética hace manifiesto el sentimiento Absoluto tal como lo había expresado Schelling.
La obra de arte no es la simple imagen de una cosa que se halla aquí y ahora, en el curso de nuestra existencia individual, empírica y limitada, sino que es eidós , que nos vincula íntimamente con lo Absoluto.
Además subyace latente la veneración que el artista siente por su persona. ¿Acaso el pintor, el escritor, el músico; no estima a su creación como la única comparable a la de Dios?
Retomando el concepto de que la obra de arte condensa lo universal en lo particular, se manifiesta una disolución del Yo en el Otro (Espejo), siendo a su vez identificado el Yo con el Otro, produciéndose su goce y deseo (Narciso).
Mortal y divino, el artista pasa su vida frente al Espejo. Éste es un símbolo de la imaginación - o de la conciencia - como capacitada para reproducir los reflejos del mundo visible en su realidad formal. ¿Cuántas referencias mitológicas o folclóricas; encontramos con el Espejo? A partir del mencionado Narciso, llegando a algún cuento infantil (por caso, Blancanieves), el Espejo proyecta y devuelve imágenes contrapuestas y paralelas.
Y en este pequeño ensayo sobre el Espejo, no puedo dejar de mencionar a uno de los personajes más fascinantes de la mitología griega: Medusa .
Freud interpretó su mirada petrificante como la que la mujer ocasiona en el hombre enamorado. Al propio tiempo, Medusa muere por su propia mirada . Se fija en la retina del que la mira; ella es Espejo y refleja a quien está delante.
A través del Espejo, el hinduismo pretende conocer el último gran secreto; a través del Espejo, el hombre se conoce a sí mismo.
Diferenciamos deseo y goce, en tanto el deseo tiene que ver con el campo del Otro y el goce tiene que ver con lo real inaccesible, con el Ser. A pesar de esto, en la producción artística deseo y goce tienen el propio objeto y sujeto: el artista.
¿Por qué se pinta un hombre a sí mismo? Uno de los motivos, entre otros muchos, es el mismo que el que lleva a cualquier persona a querer que la retraten. Para producir pruebas, unas pruebas que seguramente le sobrevivan, de que ha existido. Su mirada permanece; y el doble sentido de la palabra inglesa «look», que significa tanto «aspecto» como «mirada», sugiere el misterio o el enigma contenido en esa idea. Su mirada interroga a quienes contemplamos el retrato intentando imaginar la vida del hombre.
Marsilio Ficino dejó registradas a la posteridad estas palabras: “Conócete a tí misma, ¡oh! estirpe divina vestida de humano”. En el Renacimiento el artista se va a convertir en sacerdote de la belleza, la obra vive y actúa, participando en la creación de la atmósfera espiritual. Según Arthur C. Danto , con la llegada de la filosofía al arte, lo visual desapareció. Era tan poco relevante para la esencia del arte como había probado ser lo bello. Para que exista el arte, ni siquiera es necesaria la existencia de un objeto, de un marco cultural que lo sostenga. Estas palabras me son aptas para afirmar la idea que expongo: el retrato no es sólo copia del retratado; es Espejo del retratante.
Albretch Dürer es su nombre en alemán. Hace más de quinientos años de su nacimiento, el 21 de mayo de 1471, en Nüremberg.
Estos quinientos años pueden parecernos mucho o poco tiempo, dependiendo del punto de vista o de nuestro humor.
Cuando parecen poco tiempo, sentimos que es posible entender a Durero y mantener con él una conversación imaginaria. Cuando parecen mucho tiempo, el mundo en el que vivió y la conciencia que de él tenía el artista se sienten como algo tan remoto que no es posible diálogo alguno.
Durero fue el primer pintor obsesionado con su imagen. Nadie antes de él había pintado tantos autorretratos. Una de las cosas que lo hacía asombroso era el que parecía consciente de su propia genialidad. Se diría que la mirada del genio que él mismo percibe en sus ojos es un elemento más de la obra maestra que se ha propuesto crear en cada caso.
Al recordar sus autorretratos, soy consciente de ser, junto con otras miles de personas, el espectador imaginario cuyo interés presupuso Durero hace ya quinientos años.
Al mismo tiempo, sin embargo, me pregunto cuántas de las palabras que escribo ahora habrían transmitido a Durero el significado que tienen hoy. Podemos aproximarnos tanto a su rostro, su expresión, que resulta difícil creer que en realidad una gran parte de su experiencia no puede sino escapársenos. Situar a Durero históricamente no es lo mismo que reconocer su propia noción. Me parece importante señalar esto en vista de la autocomplacencia con la que se suele dar por supuesta una continuidad entre su tiempo y el nuestro. Autocomplacencia porque cuanto más se insiste en esa llamada continuidad, más tendemos, de un modo extraño, a felicitarnos por la genialidad de Durero.
Sus dos autorretratos más famosos sugieren los tres conceptos que fui mencionando a lo largo de este trabajito. En el de la Alte Pinakothek, se considera a sí mismo como un demiurgo, como un dios creador de las teorías italianas (Ficino, Pico della Mirandola). Se sugiere a sí m como un Pantocrátor. Por el contrario, el de Madrid nos presenta a un noble, un hombre que también, a su manera, es un creador (mediante su dinero, v.g.). ¿Cómo consigue expresarse Durero? A través del Espejo. El Espejo nos convierte en alguien que querríamos ser, aparece a veces, en los mitos, como puerta por la cual el alma puede disociarse y «pasar» al otro lado, tema éste retenido por Lewis Carroll en Alicia.
Es a través del Espejo, que debemos entender los autorretratos de Durero. La imagen devuelta, es la imagen de las infinitas posibilidades de Ser.
El 6 de abril de 1528 Durero murió y fue enterrado en el cementerio de San Juan. Su amigo Willibald Pirckheimer fue el encargado de escribir su epitafio, que reza: "En memoria de Alberto Durero. Todo lo que en él había de mortal está enterrado bajo este túmulo".
Cuando se miraba al espejo, ¿cómo formulaba exactamente esa pregunta que se nos insinúa al contemplar su autorretrato y que planteada en su forma más sencilla sería «de qué soy yo el instrumento»? ¿Y cuál sería su verdadera respuesta?
Durero se nos presenta como el nuevo Prometeo que roba el fuego a los dioses, para iluminar con su belleza la imperfección de la humanidad. Prometeo eternamente trascendiendo el rayo de Zeus.-

2 comentarios:

  1. Amé lo que acabo de leer. Me tomé mi tiempo...y seguramente lo releeré después. Pero me fascinó! Me planteó varias cosas...me abrió puertas a asociaciones que nunca antes había hecho en mi cabeza. Me pareció exquisito. Mil gracias!

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  2. Qué bueno el artículo!

    Entiendo también que en la mirada posesiva sobre uno mismo tratando de captarse determinado en un sólo momento y conocerse en la exactitud del Ser puede ceder a un juego terrorífico con la propia vanidad, donde uno al mismo tiempo que intenta hacerse consciente sufre el placer de querer negarse tratando de capturarse en la belleza que a uno le llega en el acto de saberse consciente. En realidad creo que la autocontemplación maniática de la imagen de uno mismo es más una obsesión por elucubrar la razón de la fealdad intrínseca (ahí la vi llamada la imperfección de la humanidad), que un arte de glorificación. Creo que el artista vanidoso busca encontrarse como es, aunque el resultado muchas veces sea una imagen estática de belleza inmaculada, me parece que su intento es hacer un velo sobre su fealdad. Quizás Durero quiso dejar una imagen más clara de cómo querría ser comprendido, o cómo se comprendería él mejor a sí mismo, mirándose ya no ser, ése retrato que ya no es, es exacto, Ser, Belleza.

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