Algunas consideraciones reflexivas




"Seguramente que entre la música y el color no hay nada más en común que el hecho de que ambos siguen el mismo camino. Siete notas con ligeras modificaciones son suficientes para crear sabe Dios qué universo. ¿Debería ser diferente en las artes plásticas?".
Henri Matisse



17 de octubre de 2010

Rafael

Pocos pintores del Renacimiento Italiano han sabido interpretar el ideal de belleza y el amor hacia el  clasicismo que supone el Humanismo como lo hace Rafael Sanzio, el más joven de los tres grandes creadores del Cinquecento y también el más ecléctico. Nació el 6 de abril de 1483 en Urbino - a las tres de la mañana nos dice Vasari -, hijo del pintor Giovanni di Sante di Pietro y de su esposa Magia di Battista di Nicola Ciarla. El apellido del padre será latinizado por el artista, convirtiéndose en Santius y más tarde en Sanzio. El 7 de octubre de 1491 fallece la madre del pintor, contrayendo matrimonio de nuevo su padre con una mujer llamada Bernardina, naciendo de ese enlace una hija, Elisabetha, con la que Rafael disputará más adelante por asuntos financieros. Tres años después de la boda muere Giovanni Santi, hombre de cierta cultura, autor de una "Crónica" en verso donde se exalta al duque Federico de Montefeltro. En la corte de Urbino sería un artista apreciado, a pesar de sus limitaciones. Lógico sería pensar que Giovanni inició a su hijo Rafael en el arte de la pintura, interesándole por el dibujo y el empleo de los pinceles. Tras el fallecimiento del padre en 1494 queda bajo la tutela de un tío paterno, pudiendo acudir al taller de Timoteo Vitti, pintor formado en el estilo de Francia
y de Costa, resultando una de las primeras influencias para el joven artista. Años más tarde acudirá al taller de Pietro Vannucci, el Perugino, para completar su formación. Esta estancia en Perugia servirá para que Rafael asimile las tonalidades claras, las elegantes composiciones y el paisaje espacioso de su maestro,
contactando en estos años con Pinturicchio. El primer encargo conocido de Rafael está fechado el 13 de mayo de 1500, colaborando con Evangelista da Pian di Metelo - un ayudante de su padre mayor que él - apareciendo en los documentos como "magister" a pesar de sus 17 años. Se trata del retablo del beato Nicolás de Tolentino en Città di Castello, donde puede admirar las obras de Luca Signorelli por las que sentirá especial admiración en estos años. Entre 1500 y 1504 realizará varios viajes, apareciendo documentado en Urbino, Perugia y Venecia, especulándose que pudo llegar a Florencia e incluso a Roma. La obra maestra de este periodo inicial son Los esponsales de la Virgen, donde supera claramente
a su maestro. Algunas Madonnas y Las Tres Gracias también resultan trabajos admirables, siempre bajo la influencia de Perugino, realizando composiciones
simétricas, estáticas, dotadas aun de cierto Quattrocentismo. En 1504 Rafael se traslada a Florencia, recomendado por Giovanna Feltria della Rovere quien escribe una carta al "gonfaloniero" Soderini. Rafael llega a la cuna del Renacimiento con el
deseo de obtener importantes encargos que no se culminarán. Pero los cuatro años que pasó el joven pintor en la capital de la Toscana serán fundamentales para su formación. Es el momento en el que Miguel Angel está trabajando en el "David",
y junto a Leonardo se está decorando la Sala del Consejo del "Palazzo della Signoria" cuyos frescos se han perdido, por desgracia. La vida, el movimiento, los escorzos, las anatomías de las figuras serán para Rafael un nuevo reto, abandonando su estilo suave y delicado para introducirse en el Cinquecento. A la influencia de estos dos grandes maestros debemos añadir la de Fra Bartolomeo, resultando obras de inigualable grandiosidad como la Madonna del Granduca o la Bella Jardinera. Precisamente será el tema de la Virgen con el Niño el más demandado por la clientela durante su estancia florentina, convirtiéndose Rafael en el gran creador de Madonnas que serán imitadas por diversos autores europeos como el español Luis de Morales. Pero el gran encargo público que él esperaba no llegó, motivando su traslado a Roma llamado por Julio II a finales de 1508. De esta
etapa florentina también conviene destacar un interesante número de retratos en los que introduce la captación psicológica del modelo como observamos en los de Agnolo y Maddalena Doni. Una vez en Roma va a trabajar en la decoración de las famosas "Stanzas", los aposentos privados del pontífice. Julio II encomendará por estas fechas la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina a Miguel Angel, resultando una admirable "competencia" entre ambos artistas.
La influencia miguelangelesca se dejará notar en la mayor parte de los frescos. La "Stanza della Signatura" será su primer trabajo, resultando el pontífice tan satisfecho que permitió al artista destruir todo lo que habían realizado otros artistas, nombrándole el 4 de octubre de 1509 pintor de corte. Entre 1511 y 1514 pintará la "Stanza del Heliodoro" sin abandonar los numerosos encargos particulares que llegaban en esos años iniciales de la década de 1510, viviendo el pintor días de gloria. Numerosas imágenes de Vírgenes como la del Pez o la de la
Silla serán demandadas por sus importantes clientes, resultando enteramente satisfechos.
Su fama le llevará a decorar con frescos la Villa Farnesina, ejecutando los cartones para una serie de tapices destinados a la Capilla Sixtina por el papa León X, sucesor de Julio II y uno de los mejores mecenas de Rafael.
Los encargos serán tan numerosos que recurrirá a la colaboración de un amplio taller que trabajará teniendo como modelos los dibujos del maestro. De la "Tercera Estancia" sólo pintará una de sus obras maestras: el Incendio del Borgo. Las Logias del Vaticano serán también decoradas por los discípulos de Rafael cuya temática de grutescos será utilizada por otros artistas posteriormente. En sus últimos cuadros de altar - El Pasmo de Sicilia y la Transfiguración - encontramos
ciertos elementos de renovación espiritual que se estaban manifestando
en aquellos momentos en el mundo católico, anticipando la renovación iconográfica que supondrá la Contrarreforma. Una de las facetas más desconocidas de Rafael es la de arquitecto; amigo personal de Bramante, fue Rafael el encargado de continuar las obras de la basílica de San Pedro del Vaticano al fallecer aquel en 1514. La capilla Chigi en la iglesia romana de Santa María del Popolo, el desaparecido
Palacio Branconio, la iglesia de San Eligio de los Orfebres y la villa Madama en las faldas del monte Mario son las obras más importantes que realizó Rafael dentro de la arquitectura, recibiendo todo tipo de honores, llegando a ser nombrado conservador de las antigüedades romanas.
El 6 de abril de 1520 falleció Rafael en Roma, a los 37 años, sin poder disfrutar de todos los elogios y parabienes que le esperaban, admirado por su cortesía y generosidad. Fue sepultado en el Panteón de Roma. Umberto I y Vittorio Emmanuelle II (reyes de Italia) le hacen compañía.
 En su pintura permite integrar las influencias de los mejores maestros de su tiempo, resultando un estilo personal con el que ha marcado a numerosas generaciones de artistas, llegando hasta el Neoclasicismo con Ingres.

Esponsales de la Virgen, Milán; Pinacoteca Brera
En los Esponsales de la Virgen se ha querido ver el manifiesto de los principios rectores del arte renacentista italiano. Rafael recoge todos los avances desarrollados durante el Quattrocento para realizar una obra de perfección extraña. Lo que más suele destacarse de la composición es la presencia del templo circular al fondo de la escena, por encima de los personajes. Posee todos los rasgos
clasicistas que se pretendían aplicar a la arquitectura renacentista: la planta central (presente en los dos diseños para iglesias de Leonardo da Vinci), arcos de medio punto, proporciones basadas en el cuerpo humano, accesibilidad e iluminación natural... Este tipo de templo simboliza la perfección divina, que a su vez es la que representa la Virgen, sin pecado, o el mismo sacramento del matrimonio, la unión de los contrarios para producir un único ser perfecto. La explanada donde se encuentran las figuras posee unas baldosas rectangulares que permiten representar la proyección del espacio en perspectiva hacia un punto de fuga central, que se encuentra situado en la puerta abierta del templo que da al paisaje del fondo. Los personajes están situados en un friso horizontal, simétricamente distribuidos a los lados del sacerdote, a un lado las mujeres y al otro los hombres. Para romper algo la monotonía de esta distribución, Rafael ha pintado grupitos de paseantes en toda la explanada y las escalinatas del templo.
Virgen de la silla, Florencia; Galería Palatina
La tabla fue encargada a Sanzio por la familia Albizzini para la iglesia de San Francisco en Città di Castello, permaneciendo allí hasta 1798 cuando formó parte del botín napoleónico y fue vendida por 50.000 liras a un mercader. La idea de la composición está inspirada en la Entrega de las llaves que Perugino pintó en las paredes de la Capilla Sixtina.
Escuela de Atenas, Estancia de la Signatura; Roma, Museos Vaticanos
 La pintura de Rafael alcanza un grado sublime en esta obra, posiblemente la más famosa de su producción. Cuando el espectador contempla el fresco en la Estancia de la Signatura se introduce en el mundo clásico y aprecia el movimiento de los diversos personajes pintados por Sanzio, obteniendo un insuperable resultado.
La Escuela de Atenas simboliza la Filosofía, situándose frente a la Disputa del Sacramento. El maestro ha introducido la escena en un templo de inspiración romana, posiblemente siguiendo los proyectos de Bramante para la basílica vaticana, enlazando con la idea del templo de la Filosofía evocado por Marsilio Ficino.
Las figuras se sitúan en un graderío, formando diversos grupos presididos por los dos grandes filósofos clásicos: Platón levantando el dedo y sosteniendo el "Timeo" y Aristóteles tendiendo su brazo hacia adelante con la palma de la mano vuelta hacia el suelo con su "Ética" sujeta en el otro brazo, representando las dos doctrinas filosóficas más importantes del mundo griego: el idealismo y el realismo.
Ambos personajes dialogan y avanzan ante un grupo de figuras que forman un pasillo. A la izquierda encontramos a Sócrates conversando con un grupo de jóvenes; en primer plano aparece Zenón con un libro que sostiene un niño mientras lee Epicureo; sobre la escalinata se sitúa Heráclito, tomando la efigie de Miguel Angel por modelo posiblemente como homenaje a la decoración de la Sixtina; Diógenes echado sobre las escaleras; a la derecha Euclides junto a sus discípulos midiendo con un compás; Zoroastro y Ptolomeo con la esfera celeste y el globo terráqueo respectivamente. En estas figuras se ha querido ver la representación de las disciplinas que componían el "Trivium" y "Quadrivium". Los diferentes grupos de personajes se ubican de manera simétrica, dejando el espacio central vacío para contemplar mejor a los protagonistas, recortados ante un fondo celeste e iluminados por un potente foco de luz  que resalta la monumentalidad de la construcción. En las paredes del templo contemplamos las estatuas de Apolo y Minerva así como las bóvedas de casetones y los espacios abiertos que dominan el edificio, creando un singular efecto de perspectiva. Vasari dijo refiriéndose a Rafael: "fue en la composición de las historias tan fácil y rápido que competía con la palabra escrita". Esta referencia es perfectamente aplicable a esta escena donde los gestos, las expresiones o los movimientos de las figuras están interpretados con sabiduría, creando un conjunto dotado de gracia y vitalidad. Los colores son tremendamente variados, utilizando brillantes tonalidades con los que refuerza la personalidad de las figuras y la variedad y monumentalidad del conjunto. Con esta imagen, Sanzio demuestra la superación definitiva de los modelos florentinos iniciando su floreciente periodo romano.
El formato circular para los cuadros fue recuperado por los artistas del Renacimiento Italiano, que lo relacionaban con las medallas clásicas. Desde luego, el tondo que contemplamos concentra la mirada del espectador e impide que pueda distraerse con elementos complementarios. Pero del mismo modo, fuerza la composición para que se adapte a la superficie. Rafael encuentra así una manera muy efectiva de reunir las tres figuras. La Virgen - sentada en una silla de donde le viene el nombre - acuna en su regazo al Niño, e inclina su cabeza sobre él en un gesto al mismo tiempo cariñoso y protector. Junto a ellos, San Juan une sus manos en oración, probablemente anticipándose a los futuros acontecimientos que les llevarán a la muerte a ambos. La escena resulta de esta manera impregnada de una dulce melancolía. Este tondo impactó tremendamente a Ingres, quien lo copió y reprodujo sus modelos insaciablemente. De hecho, la figura femenina, tomada de la supuesta amante de Rafael, fue usada por Ingres en sus propios cuadros.

1 comentario:

  1. Rafael es tan grande. Un hombre y un nombre gigantes! Uno de mis exponentes favoritos, definitivamente. Gracias por esto!

    ResponderEliminar